Así como hay muchos tipos de sarcomas, también son diversos los
tratamientos para curarlos o mejorarlos. Están la cirugía, la radioterapia
y la quimioterapia.
¿Cuáles son los usos de la radioterapia?

La radioterapia consiste en el uso médico de las radiaciones. Algunos tumores
malignos, como los de la laringe, la próstata o la vejiga urinaria se pueden eliminar
sólo con radioterapia, sin necesidad de cirugía. En este caso se habla de radioterapia
curativa o radical. Algunos casos de sarcomas, sobre todo infantiles, se pueden
tratar con radioterapia en lugar de cirugía, pero no es lo más común. Otras veces, un
tumor es demasiado grande como para extirparlo y se le aplica radioterapia para
operarlo mejor después. A ésta se la llama radioterapia neoadyuvante o
preoperatoria; es una estrategia que se emplea a veces con los sarcomas. La
radioterapia adyuvante se administra tras la extirpación del tumor, en el lugar que
éste ocupaba, para impedir que vuelva a crecer. La radioterapia adyuvante ha
permitido la pequeña revolución de la cirugía conservadora de los sarcomas.
Muchos casos en los que
hace años era imprescindible la amputación de un miembro, se pueden hoy tratar con
seguridad extirpando solo el tumor y radiando luego la zona. Por otro lado, en algunos
casos de sarcoma es imposible conseguir los márgenes de tejido sano deseables debido a la proximidad de
estructuras vitales que no se pyeden tocar. Esto sucede muchas veces en el cuello o
en la pelvis. La radioterapia es el único modo de intentar evitar la recaída en
estos casos en los que la única operación posible es la cirugía marginal.
Por último, la radioterapia
también es útil para aliviar los síntomas de un sarcoma incurable. Es la radioterapia
paliativa y se recurre a ella, por poner un par de casos, para mejorar el dolor de las
metástasis en los huesos o para frenar el crecimiento de las cerebrales.
¿Cómo es recibir un tratamiento de radioterapia?
El médico especialista que se encarga del tratamiento con radiaciones es el
oncólogo radioterapeuta, distinto del oncólogo médico que es quien usa la
quimioterapia y otros tratamientos con medicinas. Para la radioterapia se requieren
unos aparatos llamados aceleradores de electrones. Los aceleradores son grandes
equipos que necesitan edificios propios dentro de los hospitales.
Las radiaciones son haces de energía que actúan sobre los tejidos. Su principal efecto consiste en dañar el material genético de las células.
Las radiaciones son haces de energía que actúan sobre los tejidos. Su
principal efecto consiste en dañar el material genético de las células. Si el
daño genético sobrepasa un cierto punto, la célula muere. Esto sucede tanto con las
células sanas como con las enfermas, pero los oncólogos radioterapeutas se
valen de una serie de técnicas para que el efecto de la radioterapia sobre el
tumor sea máximo, pero mínimo sobre los tejidos normales de alrededor. La
primera es el cálculo exacto de la dosis. Sucede que las células malignas son más
sensibles a la radioterapia que las sanas. El especialista calcula una dosis que sea
tolerable para los tejidos sanos, pero letal para los cancerosos. Otro aspecto
importante es el llamado fraccionamiento. La dosis total de radioterapia no se
aplica de una sola vez salvo en raras excepciones. Normalmente se fracciona
en dosis, de modo que los tejidos tienen la oportunidad de recuperarse entre una y
otra fracción. Lo más común es que se aplique una dosis de radioterapia cada día de
lunes a viernes, durante un periodo de varias semanas. Por otro lado, el oncólogo de
radioterapia no proyecta un solo rayo de radiación sobre el cáncer. Lo que hace es
usar varios haces de energía que se cruzan precisamente sobre el tumor. De
este modo, cada chorro de radiación lleva poca energía y daña escasamente a los
tejidos sanos que va atravesando en su camino; en cambio, la radiactividad de todos
los haces se suma en el punto de confluencia y ejerce todo su efecto en el foco de la
enfermedad. Por último, se emplean pantallas de un material especial que absorbe las
radiaciones, moldeadas a medida de la anatomía de cada paciente, para impedir que
la radiación incida sobre tejidos especialmente sensibles, como la médula espinal, la
retina o la glándula tiroides.
Algunos de los equipos más modernos de radioterapia emplean potentes ordenadores,
sistemas de reconocimiento de imagen y de realidad virtual para realizar tareas hasta
hace poco imposibles, como envolver homogéneamente en radiación tumores de
formas muy irregulares o acompasarse a los movimientos de la respiración del
paciente. Los sarcomas, sobre todo del tronco, la columna vertebral, el cuello
y la cara son tumores en los que esta clase de técnicas complicadas suponen
una diferencia sustancial en cuanto a la eficacia del tratamiento o al control de los
efectos adversos.
Todos estos aspectos son complicados de planificar. Antes de empezar la radioterapia
propiamente dicha, el oncólogo ordena una serie de escáneres especiales y una sesión
con el aparato de radioterapia apagado. A esto se le llama simulación, y sólo se
omite en las escasas situaciones en las que la radiación es una urgencia médica. En
todos los equipos de oncología radioterápica participan unos profesionales con los que
el paciente jamás tiene contacto. No son médicos, sino físicos. Se los conoce como
radiofísicos. Junto con el oncólogo radioterápico, analizan todos los datos de la
simulación y establecen un plan de tratamiento que es distinto para cada enfermo. En
él se especifica qué aparato se usará, con qué energía de radiación, a través de
cuantos haces de energía y con qué ángulos precisos cada uno, cuántas sesiones,
durante cuánto tiempo y usando qué escudos para proteger qué órganos. Todos esos
datos se introducen en un ordenador que controla al aparato de radioterapia.
¿Qué efectos adversos tiene la radioterapia?
La radioterapia se
tolera mejor que la quimioterapia en la mayor parte de las ocasiones y el
procedimiento mismo de recibir la radiación difiere poco del de realizarse una
resonancia.
Es verdad que la radioterapia asusta a muchas personas, probablemente porque la
idea de la radiactividad está mezclada con imágenes de centrales nucleares, bombas
atómicas y cosas por el estilo. La realidad está muy lejos de estas fantasías. La
radioterapia no es más que otro entre muchos tratamientos médicos. Quienes la
reciben suelen tolerarla muy bien, sin efectos adversos o con pequeñas consecuencias
que se resuelven pronto y apenas interfieren en la vida normal. La radioterapia se
tolera mejor que la quimioterapia en la mayor parte de las ocasiones y el
procedimiento mismo de recibir la radiación difiere poco del de realizarse una
resonancia.
Para empezar, es un tratamiento local. Se aplica solo en una parte del cuerpo,
mientras que el resto del organismo queda a resguardo de las radiaciones y es por eso
que los efectos adversos de este tratamiento son casi siempre locales. No afectan
nada más que al lugar donde se aplica.
Los efectos contraproducentes más comunes de la radioterapia son agudos,
es decir, que aparecen durante el mismo tratamiento o poco después, y no tardan en
desaparecer. Por ejemplo, la radioterapia aplicada en la cabeza produce caída del
cabello. La radioterapia administrada sobre la boca puede irritarla y hacer que salgan
llagas que llamamos aftas. La radiación en el cuello o en el pecho puede dar lugar a
una inflamación transitoria del esófago, que se percibe como dolor al tragar. La
irradiación de los brazos y de las piernas, que es la más común en el caso de
los sarcomas, no ocasiona más molestias que la irritación de la piel.
Son mucho más raros los efectos a medio y largo plazo, y más aun los
permanentes. Aunque ya hemos dicho que las consecuencias de la radioterapia son
locales, algunas personas se quejan de cansancio general, que mejora poco a poco y
desaparece en uno o dos meses. Cuando la radioterapia se administra sobre zonas
amplias de la columna vertebral o de la pelvis, pueden disminuir transitoriamente las
células de la sangre como los glóbulos blancos, los rojos o las plaquetas.