Así como hay muchos tipos de sarcomas, también son diversos los
tratamientos para curarlos o mejorarlos. Están la cirugía, la radioterapia
y la quimioterapia.
La quimioterapia

La quimioterapia es un tratamiento médico que se refiere a decenas de fármacos
diferentes, todos con la facultad de destruir las células malignas. Los distintos
agentes quimioterápicos se pueden administrar de manera individual o bien
combinarse en forma de esquemas de quimioterapia. Esta clase de medicamentos
no se dispensa en las farmacias, sino que se administran exclusivamente en los
hospitales. Por otro lado, la quimioterapia no está preparada y lista para usarse, como
otros fármacos. El oncólogo formula una prescripción y un farmacéutico
especializado la prepara para cada paciente justo antes de su administración. La
composición, dosificación y duración del esquema indicado para cada paciente varía
según circunstancias como su peso, su talla, su edad, la clase de sarcoma que
padezca, si llevó antes otros tipos de quimioterapia y cómo reaccionó a ella. Así pues,
casi no hay dos pacientes que reciban la misma composición y dosificación de
medicinas bajo el término genérico de quimioterapia.
¿Cómo se aplica la quimioterapia?
Se trata de compuestos intravenosos que se administran con goteros. No suele ser necesario ingresar por regla general. En el hospital de día trabaja personal de enfermería especializado que sólo se dedica a la administración de quimioterapia.
Aunque existen fármacos orales de esta clase, la mayoría se trata de compuestos
intravenosos que se administran con goteros. No suele ser necesario ingresar
por regla general. Los hospitales que prestan atención oncológica disponen de unas
instalaciones específicas para la administración de quimioterapia que se llaman
hospitales de día. En términos generales, el procedimiento suele discurrir de la
siguiente manera; el paciente acude pronto al hospital para realizar un análisis de
sangre. El oncólogo necesita conocer los niveles de glóbulos rojos, blancos y plaquetas
para ajustar la dosis del tratamiento, de modo que no hay más remedio que esperar al
resultado. Mientras tanto, el especialista visita al paciente para que éste pueda
contarle sus quejas, hacerse una idea del curso de la enfermedad, solicitar las
pruebas diagnósticas que sean menester y establecer las siguientes citas.
Una vez que ha llegado el resultado del análisis y el oncólogo ha visto al paciente en
la consulta, éste se dirige al hospital de día y el especialista indica al farmacéutico la
composición y dosis exactas de la quimioterapia que desea aplicar. Hoy día esto se
suele hacer mediante programas informáticos dotados de mecanismos de seguridad
para impedir que, por error, se puedan prescribir dosis inadecuadas o combinaciones
incompatibles. En el hospital de día trabaja personal de enfermería
especializado que sólo se dedica a la administración de quimioterapia. Se
coloca un fino catéter de plástico en una vena del dorso de la mano o del brazo
(algunos pacientes usan catéteres específicos que se implantan permanentemente) y
se inician los goteros del tratamiento. Por regla general, antes de la quimioterapia
propiamente dicha, se aplican otros fármacos para evitar la aparición de efectos
adversos, como nauseas o reacciones alérgicas. Algunos esquemas de quimioterapia
se administran en pocos minutos, otros pueden requerir varias horas. La quimio se
recibe mientras uno permanece sentado en un sillón anatómico, semejante a los
empleados en las salas de donación de sangre. Al terminar el gotero, el paciente
puede marcharse a su casa.
La quimioterapia nunca consiste en una única administración, sino que se
aplica en forma de ciclos. Un ciclo de quimioterapia comprende el día o los días de
administración (pueden ser dos o tres), seguidos de un periodo de descanso. Éste
varía entre una y cuatro semanas, según el esquema y los requerimientos de cada
paciente. Al terminar el descanso, el procedimiento vuelve a empezar, regresando a la
consulta del oncólogo para recibir el siguiente ciclo. Depende mucho de cada caso,
pero un tratamiento típico y completo de quimioterapia se mueve en torno a los seis
meses.
Es cierto que la quimioterapia arrastra muy mala fama desde sus primeros pasos, allá
en los años cuarenta del siglo pasado. Esa leyenda negra es cierta solo en parte. No
se debe negar que se trata de medicamentos tóxicos. No tiene nada que ver tratarse
con quimioterapia que tomar, por ejemplo, fármacos para la hipertensión o para la
diabetes. Pero, por otro lado, este campo de la medicina ha avanzado mucho a los
largo de sus casi 70 años de historia. Los fármacos que usamos hoy día son mucho
menos tóxicos que los del pasado y disponemos de medios muy eficaces para evitar y
combatir gran parte de los esos efectos adversos.
¿Cuáles son los efectos adversos de la quimioterapia?
Cualquier persona que recibe quimioterapia visita al oncólogo frecuentemente, se hace análisis periódicos, de modo que los problemas se ven venir y es posible solucionarlos con medidas simples
La quimioterapia es una familia que engloba decenas de medicamentos muy
diferentes. Lo que casi todos tienen en común es que resultan tóxicos para las células
que se dividen con rapidez, ya que ésta es la característica fundamental de las células
cancerosas. Ahora bien, también hay tejidos normales que están compuestos por
células en constante división. Buena parte de la toxicidad de la quimioterapia se debe
a su efecto sobre esos tejidos.
La pérdida del pelo (o alopecia) debe de ser la primera imagen que se le viene a
las mientes a la gente cuando piensa en la quimioterapia. Es evidente que los cabellos
crecen, y eso se debe a que la raíz del pelo contiene células en continua división. La
detención de ese crecimiento en la raíz es el motivo de que la quimioterapia haga caer
el cabello. En esto debemos admitir que hemos avanzado bien poco. Los pacientes de
quimioterapia siguen sufriendo alopecia como antaño, sin que tengamos un modo
práctico de impedirlo. La caída del cabello suele suceder entre dos y cuatro semanas
después de la primera dosis de quimioterapia y es un momento delicado para el
estado de ánimo. La alopecia producida por quimioterapia es reversible y el
pelo volverá a crecer. Uno o dos meses después de la última administración, la
cabeza ya estará completamente cubierta de pelo ralo. Algunas quimioterapia no
hacen caer el pelo.
Después de la caída del pelo, las náuseas y los vómitos son el efecto indeseable
más característico de la quimio. Pero en esto sí que hemos mejorado mucho. Para
empezar, sucede como con la alopecia; algunos quimioterápicos sí que pueden hacer
vomitar mucho (¡pero solo si no se pone remedio!), otros carecen por completo de ese
problema. Los vómitos de la quimioterapia se pueden deber al efecto sobre la mucosa
del estómago, que también está compuesta por células que se dividen. Sin embargo,
la causa principal es el estímulo directo de un par de zonas del cerebro que sirven,
precisamente, para coordinar el vómito. Existen varios medicamentos que actúan
directamente sobre esos centros nerviosos del vómito. Gracias a ellos, una gran parte
de las personas que se tratan con quimioterapia ya no vomitan en absoluto o sólo lo
hacen a veces. Además, los pacientes pueden hacer muchas cosas para evitar o
mejorar las nauseas de la quimioterapia.
Las células de la sangre son los glóbulos rojos (eritrocitos o hematíes), los glóbulos
blancos (leucocitos) y las plaquetas. Los glóbulos rojos sirven para transportar
oxígeno desde los pulmones hasta los tejidos. Los glóbulos blancos nos defienden de
las infecciones y las plaquetas tienen que ver con la coagulación de la sangre y el
control de las hemorragias. Todas esas células se desgastan y mueren en el empeño
de sus funciones, de modo que es necesario reponerlas continuamente. El tuétano,
que es a lo que los médicos llamamos médula ósea, es el lugar donde se fabrican
todas esas células. Es un tejido muy sensible a la quimioterapia, así que la sangre
puede empobrecerse de cualquiera de sus células a causa del tratamiento. Es por eso
que hay que hacer un análisis de sangre antes de cada ciclo. Lo que el oncólogo
pretende es asegurarse de que todas las células de la sangre están en un
rango adecuado como para soportar el impacto de un nuevo ciclo de
quimioterapia. Si alguna cifra está demasiado baja, esperará una o dos semanas a
que se recupere, o prescribirá un tratamiento inyectable por vía subcutánea.
Contamos con fármacos capaces de recuperar rápidamente las células de la sangre, o
de impedir que disminuyan demasiado.
La lista de efectos adversos de la quimioterapia es mucho más larga. Pude afectar, por
ejemplo, el funcionamiento de los riñones o del corazón, o bien provocar reacciones
alérgicas. Todo ello es extraordinariamente infrecuente, previsible (menos las alergias)
y reversible. Cualquier persona que recibe quimioterapia visita al oncólogo
frecuentemente, se hace análisis periódicos, de modo que los problemas se ven venir
y es posible solucionarlos con medidas simples. Siempre habrá casos extraordinarios
que sufran complicaciones muy graves por la quimioterapia, pero eso también se
puede decir de los antibióticos, la anestesia o la aspirina.
Lo más importante, ¿para qué sirve la quimioterapia?
Quimioterapia preoperatoria o neoadyuvante: se puede recurrir a la quimioterapia para disminuir el volumen de la enfermedad tanto como para posibilitar una cirugía idónea.
La quimioterapia se puede aplicar con distintas intenciones. No hace falta que el
paciente sepa cual es la composición del esquema que se le está administrando, pero
sí que debería tener una idea muy clara de qué se pretende con el tratamiento en su
caso concreto.
En algunas ocasiones, un sarcoma puede ser demasiado grande para operarlo de
entrada, o bien podría estar tan próximo a órganos vitales que resulta difícil operarlo
con márgenes adecuados . Entonces, se puede recurrir a la quimioterapia para
disminuir el volumen de la enfermedad tanto como para posibilitar una cirugía idónea.
A esta modalidad solemos llamarla quimioterapia preoperatoria o neoadyuvante.
Quimioterapia adyuvante: la quimio se administra a continuación de la cirugía
Cuando la quimio se administra a continuación de la cirugía se la denomina
quimioterapia adyuvante, y su planteamiento es muy diferente del caso anterior.
Sucede a veces por desgracia que un paciente se interviene de un sarcoma con todas
las garantías pero, al cabo del tiempo, aparecen metástasis o ramificaciones en
órganos alejados. El lugar que se afecta con mayor frecuencia en los sarcomas
son los pulmones, pero también puede tratarse del esqueleto, el hígado o el
cerebro, entre otros. Esto sucede porque esas metástasis ya existían cuando se
intervino el sarcoma, solo que de tamaño microscópico e indetectables para cualquier
método diagnóstico. Las micrometástasis pueden permanecer oculta durante
meses o años. Lo que la quimioterapia adyuvante pretende es destruirlas
antes de que se desarrollen y, así, evitar la recaída. La quimioterapia adyuvante
actúa, pues, como una especie de vacuna. Por lo tanto, es imposible aquilatar su
eficacia en las personas concretas. Si un paciente se opera de un sarcoma, recibe la
quimioterapia adyuvante y no recae nunca, jamás sabremos si la curación se debió a
la quimioterapia o si, de todos modos no tenía micrometástasis y se iba a curar de
todos modos. La eficacia de los tratamientos adyuvantes solo se puede averiguar
mediante ensayos clínicos , reuniendo
estadísticas de cientos de pacientes y de su evolución a lo largo de los años.
La quimioterapia adyuvante está muy bien establecida en tumores malignos como los
de la mama o el intestino. En el mundo de los sarcomas, las cosas no están tan claras,
ya sea porque la quimioterapia no es tan eficaz, o porque, debido a la rareza de la
enfermedad, es difícil realizar ensayos clínicos con el número suficiente de sujetos
como para que las estadísticas sean de fiar. No obstante, en algunos tipos de
sarcomas, la eficacia de la quimioterapia adyuvante está fuera de toda duda.
Los osteosarcomas, los rabdomiosarcomas y los sarcomas de Ewing han de recibir
necesariamente quimioterapia además de la cirugía si quieren alcanzar la mejores
expectativas de curación. En otras variedades de sarcoma, hay que tener en cuenta
las características particulares del paciente y de la enfermedad. Muchos sarcomas
no requieren quimioterapia adyuvante, sea porque las probabilidades de curación
con cirugía son muy altas, sea porque la eficacia preventiva del tratamiento es muy
dudosa.
Quimioterapia curativa: cuando la enfermedad se ha diseminado, la
quimioterapia constituye la modalidad principal del tratamiento.
Cuando ya existen metástasis, es decir, cuando la enfermedad se ha diseminado, la
quimioterapia constituye la modalidad principal del tratamiento. Algunos cánceres se
pueden curar con quimioterapia, aunque la enfermedad se haya diseminado mucho.
Se habla entonces de quimioterapia curativa. Por desgracia, esta situación se da
muy pocas veces en el caso de los sarcomas, casi siempre en niños y adolescentes, y
en tipos muy concretos de sarcoma, como el de hueso, el rabdomiosarcoma o el de Ewing.
La mayoría de los casos metastásicos de sarcoma son incurables. Entonces,
la intención de la quimioterapia es paliativa, porque lo que pretende es aliviar los
síntomas, retrasar o evitar a aparición de los que no estén todavía presentes y, a ser
posible, alargar la vida sin mermar su calidad. La quimioterapia paliativa se
mueve en un equilibrio delicado entre la eficacia que se espera de ella y sus
efectos adversos. No se debe caer en el error de administrar una quimioterapia
detrás de otra, sin pararse a reflexionar sobre su verdadera eficacia, y solo para que
el médico, la familia y el propio enfermo tengan la sensación de estar haciendo algo.
Esta actitud perjudica siempre al paciente. La quimioterapia paliativa administrada con
sentido común puede ser de gran utilidad, pero nunca hay que perder de vista lo que
se está tratando de conseguir y a qué precio. En interés de los pacientes de sarcoma,
también hay que saber juzgar cuando llega el momento oportuno de abandonar la
quimioterapia y conformarse con mejorar los síntomas con medicamentos más
simples.
¿Qué medicamentos se emplea para tratar los sarcomas?
Hay distintos quimioterápicos que se usan para el tratamiento de los sarcomas. Los
más comunes son la adriamicina o doxorrubicina, la ifosfamida y la
trabectedina. Otros son el docetaxel, la dacarbacina o DTIC, la gemcitabina, el
cisplatino, el CPT11 o irinotecan, el metotrexate, la vincristina... La investigación
mediante el recurso de los ensayos clínicos va poniendo más medicamentos en manos
de los oncólogos. Está bien que los paciente y sus familias se interesen y se informen
por los tratamientos que reciben. No obstante, la composición exacta de los esquemas
de quimioterapia es algo tan específico que incluso la mayoría de los médicos que no
son oncólogos apenas saben algo más acerca de ello que las personas sin formación
médica. Probablemente, mucho más interesante para el paciente que los
nombres y dosis de las medicinas son la intención con la que el médico
recomienda la quimioterapia, y el modo y plazo previstos para evaluar si el
tratamiento cumple o no las expectativas previstas.