Así como hay muchos tipos de sarcomas, también son diversos los
tratamientos para curarlos o mejorarlos. Están la cirugía, la radioterapia
y la quimioterapia.
La cirugía
De todas las armas contra los sarcomas, la cirugía es la más
importante. Casi todos los tratamientos curativos para el sarcoma requieren
algún tipo de cirugía. El efecto negativo que una primera cirugía inapropiada
tiene sobre el pronóstico es muy difícil de compensar después con operaciones
adicionales, radioterapia o quimioterapia.
¿Que cirujanos operan los sarcomas?
Como muchos sarcomas asientan en los miembros los traumatólogos y
ortopedas son los cirujanos que con mayor frecuencia se ocupan de los
sarcomas, pero no son los únicos. Por ejemplo, los otorrinos pueden operar los
sarcomas de la cabeza o el cuello; los ginecólogos los del útero, los cirujanos
generales operan los sarcomas del abdomen, los cirujanos torácicos aquellos que afectan a las costillas o al interior del pecho. Los cirujanos
plásticos y reparadores no solo son imprescindibles para la reconstrucción de
los tejidos, de modo que tengan buen aspecto y funcionen como se espera de
ellos, sino que también se ocupan en ocasiones de la extirpación de los
tumores. Lo verdaderamente importante no es el título del cirujano, sino su
experiencia, como se explica más adelante.
No es raro, además, que varios especialistas de cirugía hayan de operar por
turnos un mismo caso. Por ejemplo, un sarcoma de la pierna que requiera
extirpar y reconstruir una arteria importante necesita que, llegado un momento,
que el traumatólogo se haga a un lado para dejar trabajar al cirujano vascular.
Desde este punto de vista, es imposible exagerar la importancia de que el
paciente de sarcoma se ponga en manos no de un especialista, sino de
un equipo. No es excepcional la situación en la que un caso se da por
inoperable no porque realmente lo sea, sino porque quien lo juzga se enfrenta
al caso solo, sin la visión y ayuda de otros especialistas quirúrgicos.
Cirugía radical y cirugía compartimental. Márgenes
El concepto básico en las operaciones de los sarcomas es la cirugía radical, que
debe de ser el objetivo básico de cualquier intento de curación. Se entiende por
cirugía radical extirpar en tumor entero, a ser posible en una única pieza y,
sobre todo, rodeado en todas sus dimensiones por un generoso margen
de tejido sano que mida un centímetro o más. La importancia de los
márgenes es inmensa. Si en algún no existe ese margen de tejido sano entre
el tumor y la incisión del cirujano, las posibilidades de recaída aumentan
mucho. Los brazos y las piernas están constituidos por compartimentos estancos separados unos de otros por sólidos tabiques fibrosos que representan
un muro de contención frente al avance de los sarcomas. Un determinado
compartimento suele contener músculos, vasos y nervios. Si un sarcoma de
partes blandas está limitado a un compartimento, una excelente manera de
lograr la cirugía radical manteniendo la función del miembro es extirpar en
bloque todo el compartimento, con el sarcoma encerrado en su interior. A esta
técnica se la denomina cirugía compartimental.
Cirugía marginal y cirugía intralesional
En ocasiones, es sencillamente imposible extirpar el tumor con ese margen de
tejido sano alrededor. Esto suele suceder en lugares muy atestados de
estructuras anatómicas, como el cuello o la pelvis. En estos casos, el cirujano se
ha de conformar con una cirugía marginal, que significa cortar justo por los
bordes del sarcoma o poco más allá. La cirugía marginal está gravada por
una tasa de recaídas superior a la radical, lo que se puede compensar en parte
mediante el uso de la radioterapia. La única justificación posible de la
cirugía marginal es que la radical sea imposible. Si un paciente ha sido
sometido a una cirugía marginal y es posible volver a operarlo para obtener
esos márgenes amplios de tejido sano en torno al lugar que ocupara el
sarcoma, debe hacerse sin dudarlo. Esto sucede a veces cuando el cirujano no
sabía que lo que operaba era un sarcoma. Suponía que se trataba de una lesión
benigna hasta que, días después, llega el informe definitivo de patología. No
hay tratamiento de radioterapia o de quimioterapia que mejore tanto las
expectativas de curación de una cirugía marginal como la ampliación a radical.
La cirugía intralesional significa que el cirujano ha cortado a través del
tumor y que, por lo tanto, se ha dejado enfermedad dentro del cuerpo. Estos
pacientes están destinados a la recaída casi con toda seguridad, sea cual fuere
el tratamiento médico o radioterápico que reciban a continuación. La cirugía
intralesional nunca es correcta si la marginal o la radical es posible, así
que no hay que evitar una segunda intervención si ésta tiene visos realistas de
mejorar los márgenes. La única situación en la que la cirugía marginal es
aceptable se da cuando una intervención mas amplia es imposible pero resulta
imprescindible eliminar al menos parte del tumor para salvar la vida del
paciente (si le obstruye en intestino, por ejemplo), o para mejorar un síntoma
grave (como puede ser la parálisis por la compresión de la médula espinal).
Cirugía conservadora y amputaciones
El concepto de cirugía conservadora se opone al de amputación y, por la tanto,
solo es aplicable a los sarcomas de los brazos y de las piernas. En ocasiones,
la única manera de conseguir la deseada cirugía radical es mediante la
amputación. Eso puede suceder, por ejemplo, cuando el tumor afecta a varios
compartimentos o cuando se sitúa en lugares en los que es casi imposible
obtener márgenes adecuados debido al empaquetamiento en poco espacio de
numerosos vasos, nervios y tendones; tal sucede en manos y pies. Si la única
manera de alcanzar la cirugía radical es la amputación, no debería intentarse
otra cosa. Es la curación lo que está en juego y la vida siempre es más
importante que un brazo o una pierna. Por otro lado, hoy día existen
prótesis que permiten seguir llevando una vida próxima a la normal tras la
extirpación de un miembro.
No obstante, la cirugía ortopédica ha avanzado enormemente a lo largo de la
última década en lo tocante a la cirugía conservadora; esto es, conseguir
la cirugía radical (y, por lo tanto, idéntica posibilidad de curación), pero
sin extirpar el brazo y la pierna. Para ello existen no sólo las técnicas de
cirugía compartimental, también una variedad de prótesis sintéticas internas capaces de sustituir venas, arterias, huesos y articulaciones. En otras ocasiones
se recurre a huesos de los que el paciente puede prescindir (como el peroné) o
a huesos procedentes de cadáver y almacenados en los llamados bancos de
huesos. En cualquier caso, solo los cirujanos expertos en sarcomas, imbricados
en un equipo multidisciplinar, están en las mejores condiciones para exprimir
todas las posibilidades de la cirugía conservadora, sin sacrificar una gota de
curación.
La experiencia del equipo mejora las expectativas del paciente
Se puede argumentar que la experiencia siempre es deseable en un cirujano,
pero aquí se trata de algo distinto. Otros tumores, como los de mama, pulmón
o próstata son tan frecuentes que cualquier cirujano de la especialidad
correspondiente acaba atendiendo decenas y decenas de casos cada año. En el
caso de los sarcomas, la diferencia entre un cirujano experto y otro que no lo es
puede consistir entre que el primero interviene una o dos docenas de pacientes
cada año, mientras que el segundo tan solo un par. Se ha demostrado con
datos estadísticos irrefutables que las personas con sarcoma
intervenidas en centros en los que se operan más de diez casos al año
tienen mejor pronóstico a la larga.
No se trata tan solo de las manos del cirujano, que ya es bastante. Solo los
hospitales que atienden a bastantes casos de esta enfermedad rara se pueden
permitir el lujo de dedicar a su atención un equipo completo de radiólogo,
patólogo, cirujanos, oncólogo médico y oncólogo radioterápico; un conjunto de
especialistas que son capaces de mantenerse al día en los adelantos relativos al
sarcoma en su propio campo, transmitiendo luego ese saber a sus compañeros
y poniéndolo en conjunto para administrar mejor todas las herramientas
disponibles para el diagnóstico y el tratamiento. La existencia de estos grupos
bien coordinados marca toda la diferencia en la atención a los sarcomas.
Cómo reconocer a un cirujano experto en sarcomas. La segunda opinión
Si una persona ha sido diagnosticada de sarcoma y se enfrenta a una operación o, incluso, a una simple biopsia ante la sospecha de la enfermedad, hará bien en asegurarse de que el cirujano en cuyas manos se pone es experto en sarcomas. Hay dos preguntas clave que formular al respecto: ¿Atiende usted más de diez sarcomas nuevos al año?, y ¿en este centro existe un comité de sarcomas, formado por distintos especialistas, que se reúnen para estudiar conjuntamente cada caso antes de realizar cualquier intervención?.
Es cierto que es menester actuar con rapidez ante un diagnóstico de cáncer.
Pero aun más importante es hacerlo con acierto desde el primer momento. En
el caso de los sarcomas, este principio adquiere una importancia enorme. En
muchos casos, es el primer tratamiento el que condiciona todo lo que
venga después, para bien y para mal. Si una persona ha sido diagnosticada
de sarcoma y se enfrenta a una operación o, incluso, a una simple biopsia ante
la sospecha de la enfermedad, hará bien en asegurarse de que el cirujano en
cuyas manos se pone es experto en sarcomas. Hay dos preguntas clave que
formular al respecto: ¿Atiende usted más de diez sarcomas nuevos al año?, y
¿en este centro existe un comité de sarcomas, formado por distintos
especialistas, que se reúnen para estudiar conjuntamente cada caso antes de
realizar cualquier intervención?.
Ningún paciente debería avergonzarse en formular estas preguntas y ningún
médico molestarse ante su planteamiento. Si ambas respuestas son negativas,
en absoluto quiere decir que el cirujano no sea capaz de realizar la intervención
o que vaya a hacerlo mal. Pero sí que puede ser una razón sensata para que el
paciente consulte una segunda opinión de otro especialista más experimentado.
Salvo casos extremos, un retraso de una o dos semanas para conseguir
esa segunda opinión no tiene ninguna influencia en la probabilidad de
curarse. En la mayoría de los casos, la opinión del experto coincidirá con la del
primer cirujano, al que el paciente podrá regresar lleno de confianza. En
algunos casos, la segunda opinión evita alguna maniobra médica poco
adecuada.
Las biopsias también cuentan
Es importante que, si se va a solicitar una segunda opinión, se haga en el
momento más temprano posible del proceso diagnóstico y terapéutico. Lo ideal
es hacerlo antes de la biopsia, ante la simple sospecha de que un bulto pudiera
ser un sarcoma. En esta enfermedad, la importancia de la biopsia alcanza a
mucho más que al mero diagnóstico. Una biopsia inadecuada puede
complicar mucho la cirugía posterior. Existen muchas excepciones, pero, en
general, las biopsias de los sarcomas deben practicarse con aguja a través de la
piel, evitando cortar ésta con el bisturí o dejar drenajes. Es esencial un cuidado
infinito para evitar hematomas e infecciones. Todo lo contrario puede favorecer
la diseminación del sarcoma o acabar demandando una cirugía mayor de la que
estaba prevista. También es necesario pensar en la reconstrucción plástica
desde el mismo momento de la biopsia; el punto de la piel por el que pasa la
aguja de la biopsia habrá de ser extirpado luego junto con el tumor, por lo que
es imperativo evitar biopsiar a través de áreas de la piel que luego vaya a
necesitar el cirujano plástico para cubrir la herida. Por todas estas razonas, lo
ideal es que la biopsia la realice el mismo cirujano que se vaya a encargar luego
de la extirpación definiva.